
Arden
mis ojos
de
palabras no escritas
Duele,
arde
la piel y se ampolla,
Las
manos cabalgan sobre las teclas
inventando
un poema que no existe...
En ese minuto de voz que no llega a la garganta
cuando
mis pies quieren llevarme a otro lugar
y
el alma sobresale
solo
un poco debajo de mi escote
Yo
seré otra vez
la
libélula que quemará sus alas en la luz
creyendo
iluminarse por dentro...
En
realidad
pasó
una nube invisible
y
dejó caer un mar de gotas.
De
la llama sólo quedaron
cenizas humeantes.
